Como punto de partida, la UNESCO (2005) considera, la inclusión se trata de un proceso que se debe perpetuar en el tiempo para que se observen efectos positivos.
Entendemos la expresión corporal como una herramienta generadora de espacios inclusivos de personas con discapacidad, considerando en su ejecución la dimensión expresiva, comunicativa, creativa y estética (Coterón et al. 2008 y Montávez, 2012), las cuales facilitan el desarrollo personal y el trabajo cooperativo.
Con ello, desde el proyecto Expresamos, pretendemos mejorar por un lado la psicomotricidad, tanto fina como gruesa, así como las habilidades físicas de las personas con discapacidad que participan en ella. Y, por otro lado, promover el desarrollo personal a través del ejercicio físico apoyado en la música.
Desde la década de 1940, se considera la danza como un método psicoterapéutico. A partir de la imitación, la improvisación y la creación de movimientos pautados por ritmos musicales, se pretende promover una conciencia corporal y espacial.
Tanto el baile, como la expresión corporal resulta una actividad favorecedora en contextos vulnerados, por lo que desde ALDIS se pretende mostrar las capacidades de las que las personas con discapacidad gozan, y favorecer la inclusión y visibilización de ellas, a través de la danza.
Ésta contribuye a la expresión de sentimientos y emociones a través del cuerpo, tal y como afirma Stokoe (1967) es importante el desarrollo integral de las personas y de la comunicación de las emociones y sentimientos dentro de la expresión corporal. A su vez, fomenta el aprendizaje cooperativo, implícito en la práctica y que por ende transmite valores de respeto y autonomía, potenciando el aprendizaje entre iguales y la convivencia.
Resulta importante desarrollar este proyecto con el fin de valorar la diversidad como riqueza tanto en el aula como en la sociedad, y ceder espacio a que las personas con discapacidad participen y mantengan el sentimiento de pertenencia a una comunidad basada en relaciones.


